OpusGay
El diario del Estado chileno es una de las expresiones comunicacionales más gráficas de nuestra dilatada transición. Es así como bajo el gobierno de Patricio Aylwin, La Nación minimizó los conflictos sociales, políticos y culturales que pudiesen alterar el consenso entre las Fuerzas Armadas, la Derecha y parte de los sectores democráticos.
Paradojalmente fueron los temas de corte político, específicamente los relacionados con las cúpulas, a los cuales el diario dio mayor cobertura, pero casi siempre en respuesta o adelanto a lo que el resto de la prensa podría publicar en descrédito de las nuevas autoridades.
Bajo el gobierno de Eduardo Frei la dinámica de La Nación siguió siendo en el fondo básicamente la misma, pues continuó dando predominancia a lo "políticamente correcto", aunque con mayor ingerencia de la Crónica y sus respectivos temas emergentes. La forma, en cambio, y en función del evidentemente fracaso comercial por el cual atravesaba el periódico, dio un brusco vuelco hacia el deporte, transformando a las portadas en una pelota. El probable éxito económico, sin embargo, tenía su nicho en el espectáculo y en parte de los temas emergentes, y por ello desde hace poco meses el diario ha seguido, de una manera estúpida, los pasos de Las Ultimas Noticias.
A
l margen de las formas, lo concreto es que el consenso predominante fue visto por los anteriores directores del periódico como la panacea a todos los problemas que pudieran enfrentar las autoridades de turno (¡así se aparecía más objetivo!) y sólo se comprendió que esa estrategia era absolutamente inapropiada para los fines gubernamentales bajo la administración de Alberto Luengo. Hasta antes de él, La Nación era la expresión más nítida de las ineficientes políticas comunicacionales que han caracterizado a todos los gobiernos de la Concertación y que han hecho crisis bajo Ricardo Lagos.
En la actualidad La Nación está haciendo periodismo de investigación política, al menos cuatro veces al mes, y oportunas y jugadas editoriales todos los días. Sea el periódico del domingo o del resto de la semana, lo cierto es, sin embargo, que en lo referido a los temas emergentes los tintes son tan purificadores, blanqueadores, desordenados y poco rigurosos que en algunos casos llegan a confundirse con una ficción farandulera o con los mitos enarbolados por los sectores más conservadores.
Es una lástima que La Nación, al igual que Canal 13, esté dando un vuelco hacia mayores (¡no mejores!) contenidos a partir de razones económicas y no por convicciones éticas y profesionales. Ello ha derivado en que durante seis días a la semana apreciemos grandes titulares, a todo color y con su respectiva fotografía gigante (tipo Las Ultimas Noticias), pero que en el interior derrumban cualquier expectativa. Los enganches publicitarios resultan en esa línea burdos y, lo que es peor, perjudiciales para el real conocimiento de los temas emergentes que el periódico está ubicando en sus portadas.
Los hechos que han seleccionado para su primera página, excluyendo la de los domingo, son evidentemente atractivos y positivos, sin embargo algo está pasando con la redacción de las noticias, pues en la mayoría de las ocasiones son (casi) totalmente incompresibles. Sin pies ni cabeza. ¿Será la desesperación por capturar más lectores que lleva a actuar rápido y sin pensar?, ¿será que los periodistas del medio son de cajón malos profesionales? o ¿será, como se comenta en diversos medios, que los profesionales del diario no están ni ahí con los lunes, martes, miércoles, jueves, viernes o sábado, porque la papa que da estatus es el domingo?. Sea cual sea el caso, existe descoordinación y, de paso, mala información en todos los contenidos que anuncian los titulares. Por supuesto a excepción de los temas políticos. En algo le apuntó Luengo.
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