Por Fabián González García*
Los derechos de las minorías sexuales, esto es lesbianas, gays y bisexuales han sido en los últimos años defendidos por una gran cantidad de organizaciones no gubernamentales y por unas cuantas organizaciones gubernamentales.
En general, sin embargo, nos percatamos de que se ha dado una mayor apertura a nivel investigación y conceptual de lo que son los derechos de minorías sexuales en cuanto tales.
En otras l palabras, los derechos de la comunidad LGBTT lLésbico, gay, bisexual, travestí y transgenero) pueden ser apoyados por las organizaciones que sean necesarias, pero al mismo tiempo no son apoyados por el resto de la sociedad.
No son aceptados con la facilidad con la que se acepta que un hombre tenga dos, tres mujeres al mismo tiempo, no es tan fácil que sean aceptados por una sociedad reacia a los cambios, como se aceptaría a un hombre que se alcoholiza todos los días y llega a golpear a hijo y mujer.
Es por ello que, la lucha no es en contra del gobierno sino una lucha que se tiene que hacer en primera instancia en contra de la sociedad para que acepte las diferencias existentes entre una y otra forma de manifestación de la sexualidad, del amor, de la comprensión, del cariño y de la complementación humana.
Para ejemplificar mejor lo anteriormente dicho, me permitiré dar un ejemplo.
Hagamos de cuenta que hoy el Congreso de la Nación aprueba una ley, donde se establece que la homosexualidad es una cuestión humana y que como tal debe respetarse y que, por lo mismo, lesbianas, homosexuales, bisexuales, travestís y transgéneros tienen los mismo derechos, las mismas oportunidades, la misma calidad y capacidad intelectual, física y de trabajo que cualquier heterosexual.
Eso se hace con la convergencia y el acuerdo de todos los actores políticos, de las más distintas concepciones ideológicas y además lo hacen en diez minutos.
Inmediatamente después el Congreso Nacional dicta la ley de uniones de parejas del mismo sexo en la cual se hace una serie de regulaciones referentes a la unión de las parejas del mismo sexo y los derechos que nacen de dicha convivencia.
Las reformas y la nueva ley son enviadas al Ejecutivo para que haga derecho de su veto presidencial o publicarlo en el Diario Oficial de la Federación. Aquí supongamos que el Ejecutivo no tiene ninguna observación a la ley ni a las reformas de las otras y manda publicarlas.
Entrando en vigor, y siendo una ley federal, los Estados tienen la obligación de hacerla valer en sus respectivos territorios, hacen reformas al reglamento de sus Registros Civiles y se autoriza a los mismos para aceptar el registro de las uniones de parejas del mismo sexo.
Hasta aquí todo va bien y marcha como todas las organizaciones LGBTT lo desean. Parece un sueño hecho realidad.
Pero veamos lo que hay detrás. Qué pasa con la sociedad, con la iglesia, con todos esos actores sociales que ponen oposición. Y es no porque el Congreso lo decrete, por medio de una ley, la discriminación hacia los homosexuales, lesbianas, bisexuales, travestís y transexuales se habrá acabado.
No basta con que las leyes sean justas y con que el gobierno dé todos los apoyos necesarios para que la ley sea observada en todo el territorio nacional. No basta con la buena voluntad de los actores políticos y del gobierno, ya que nada se puede hacer si la sociedad de la que todos somos parte no está de acuerdo, no tiene interés en que los homosexuales se unan en forma legal para hacer patente su relación y además demostrarle a la sociedad su amor.
Aquí ya no estamos tratando con un gobierno, estamos tratando con una fuerza más compleja, ya que es una fuerza desarticulada, pero que cuando se une para enfrentar algo que no es justo, según sus estándares de moral, es una fuerza que ni el propio gobierno puede parar.
Entonces he aquí que no se trata de hacer una afrenta en contra del gobierno y de sus instituciones, sino que por el contrario, es una lucha de hacer conciencia y de llevar información a las personas, a la sociedad en la que nos desenvolvemos, para que estén informados y se acaben los prejuicios hacia las personas pertenecientes a las minorías sexuales del país.
Con esto no estoy tratando de decir que el gobierno no tiene que apoyar, sino por el contrario, apelo a que se hagan campañas informativas referentes a lo que es la homosexualidad, de los derechos de estas personas y que tienen todos los derechos que los heterosexuales. Eso es, lo que antes que pedir el reconocimiento de las leyes, se debe exigir a las autoridades y en especial a las Organizaciones Civiles en pro de los derechos humanos y de la comunidad LGBTT.
Y aquí es donde comienza la tarea de los que estamos comprometidos con ese reconocimiento, con un reconocimiento que va más allá de lo que una ley pueda decir o no, que va más allá de un simple papel
*Licenciado en Derecho, México.
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